domingo, 22 de enero de 2017

poema a un violador

¿Quién te dio permiso? ¿Quién te dijo que yo quería? ¿Acaso no me escuchabas? No escuchaste mi llanto, mis suplicas, te rogué que te detuvieras, te rogué que no me cortaras las alas.
Tus manos fueron como fuego, que solo quemaban mis ilusiones, quemaban la inocencia que tenía en mí.
Después de ti, mi vida dejo de tener luz, deje de brillar, deje de sentir, deje de querer ser feliz.
Mis noches se volvieron infiernos, aparecías una y otra vez, como un demonio que se metió hasta en mis huesos.
Volver a ser mujer se volvió un desafío en mi vida, quise arrancar todo lo que quedara en mí, dejar de ser yo, convertirme en otra persona pensando que eso te borraría de mi memoria.
Cerrar los ojos y pensar en otra cosa, contar hasta 50, imaginar un momento feliz, no pensar en lo que estaba sucediendo.
¿Por qué te vestiste así? ¿Por qué saliste ese día? ¿Por qué caminaste sola esa cuadra? ¿Por qué provocaste lo que te sucedió?
Las cicatrices que dejaste, son recordatorios diarios de tus 5 minutos de felicidad, y de la destrucción de la mía.

                               

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