sábado, 28 de enero de 2017

apartamento del piso 14

Vivo en un apartamento del piso 14, donde puedo ver el sol ocultar su mirada.
Vivo en un castillo donde un príncipe no puede trepar a rescatarme.
Vivo en un espacio donde solo entra quien se atreve a querer conocer mi mundo.
Mi sala es una galería de arte hecho por mi madre.
Mi cocina un monumento desastroso creado por mi abuela
Y que te digo de mi baño, si lo comparto con mi hermano.
Mi shampoo misteriosamente se acaba rápido y mi hermano sale de la ducha oliendo a chocolate.
Si guardo algo en mi refrigerador tengo que ser consciente de que dejo de ser mío y se volvió comunitario.
Cuando no encuentro una blusa mía, siempre reviso los cajones de mi madre ya que a veces se le da por coger mis cosas. Y para que digo a veces si eso pasa todos los días.
Mi casa no huele a flores, más bien es un mar de pelos de gato y huele a pañal de un bebe de metro sesenta.
Aquí las cosas se hacen solo de una manera y es como a cada uno le de la gana.
Vivimos en una casa sin hipocresías. No vendemos la familia perfecta, ni intentamos mantenerla como charola de porcelana.
Mi mesa esta rayada de plumón y mi cuarto pues a fuerzas un pintor quito mi arte histérico de 15 años.
En mi casa pueden faltar muchas cosas, pero hay algo que sobra y es amor para quien quiera entrar.
Podemos no tener para nosotros pero siempre tendremos un plato para quien lo necesite.
Mi casa no sería mi hogar sin esos detalles que me vuelven loca, como la pasta dental en todo el lavadero, mi jabón de cara tirado en el suelo de la ducha, mi taza favorita llena de la gaseosa de mi hermano.
Mi balcón es el guardarropas de la familia y mi porta cuchillos un balde viejo de kfc.
Mi casa es perfectamente imperfecta, pero es mi casa y es el único sitio donde siempre encuentro paz.



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